miércoles, 26 de febrero de 2014

Hoy sí que sí que ya toca!

El Estandarte de Aï
Capitulo 3 - Parte 1
Sobre la vida
El sol se aproximaba lentamente a las montañas y Ade seguía cabalgando a medio ritmo en dirección al bosque. Perderse era imposible, ya que solo había que seguir el camino real que se extendía hasta el mismo inicio de la espesura. Pero aún y con esto el joven príncipe hubiera preferido contar con las indicaciones de Pim, y no entendía como este no hubiera aparecido desde que se marchó volando de su ventana, ya unas cuantas horas atrás.

Casi era el atardecer cuando llegó al final del camino, señalizado con un cordel rojo -bueno, al menos debió tener ese color en su día- a lado y a lado del fin del pavimento. 
Justo encima de uno de los soportes del cordel se encontraba Pim, que lo observó llegar mientras se purgaba con el pico el interior de su ala izquierda.
- Bienvenido al inicio del bosque joven príncipe, llegas razonablemente pronto.
- Pues no será gracias a tu ayuda, pensé que me acompañarías desde el castillo, -y bajando de su corcel añadió- ¿por qué no ha sido así?
- Pues por una simple razón mi príncipe: yo también tengo mis quehaceres, así como asuntos que requieren de mi intención, pero no te preocupes, en cuanto hayamos mandado de regreso a tu caballo podremos proseguir juntos el camino.

Ade al escuchar esto frunció el ceño y dijo:
- ¿Devolver a mi caballo al castillo? ¿No puedo proseguir con él?
- Por los lugares que pasarás sería difícil, por no decir imposible, que lo hicieras montado en un corcel. Puedes dar gracias de que tu amiguito de pelo blanco se haya prestado a llevarte hasta aquí.

La angustia pareció apoderarse del príncipe, que exclamó:
- Pero devolverlo al castillo... no se como hacerlo. Es más, temo que se pierda...

Y eso en parte era cierto, aunque lo que Ade se guardó para si mismo es que también usó estas palabras con la esperanza de disuadir al búho de hacerle recorrer el resto del camino a pie. Pero pronto perdió la esperanza ya que el ave contesto:
- Su joven alteza, de todos es sabido que los búhos saben hablar con los caballos.

Y sin dejar al príncipe añadir nada más, Pim planeó hasta posarse justo delante del caballo, y le empezó a ulular, gesticulando con su pecho y con sus alas. El caballo lo miraba como si entendiera lo que el búho quería decirle, y en un momento dado pareció asentir con la cabeza para después dar media vuelta e irse por donde había venido. 
Ade estaba perplejo. 
- Y ahora podemos proseguir. Si me lo permite me colocaré sobre su hombro y le iré dando indicaciones durante el trayecto, está empezando a anochecer y el interior del bosque quedará en la penumbra muy pronto. 
- De acuerdo, total... tampoco tengo mucha más opción. Dime al menos que ahí dentro no nos encontraremos nada peligroso, o que se le parezca. 
-¿Peligroso? No hombre no, de hecho es un lugar muy tranquilo, ideal para vivir.

Y juntos emprendieron la marcha. Al principio, todavía había suficiente luz para que Ade no requiriera más indicación que la dirección que debía tomar, vete tu a saber donde, con lo que Pim solo se limitaba a decir "gira a tu izquierda", "ahora a tu derecha" o "de frente". 
La periferia del bosque todavía era un lugar fácil para transitar, sus árboles eran variados: robles, hayas, fresnos y avellanos, y estos mantenían la distancia suficiente como para que del suelo brotara césped y todo tipo de plantas, haciendo del suelo un lugar blando y agradable para transitar.
Pero el camino era cada vez más cuesta arriba, y la separación entre los árboles era cada vez menor, y a más alturas empezaron a encontrar pinos negros y abetos, y la luz ya no se filtraba y el suelo por el que caminaban empezó a hacerse cada vez más duro, y el césped y las plantas dieron paso a las piedras y raíces. Fue entonces cuando la ayuda de Pim se tornó más necesaria ya que este podía advertirle de lo que se encontraba a sus pies -la noche ya había llegado-, y aunque alguna vez sus indicaciones llegaron tarde y Ade tropezó y se dejó los dedos de los pies en alguna roca, suerte tuvo de contar con semejante ayuda encima de su hombro derecho.

Un poco más tarde, una eternidad para el príncipe, empezaron a ver una luz a la lejanía, "ya casi hemos llegado" dijo Pim misteriosamente, y Ade esa perspectiva le dio fuerzas renovadas que le permitieron acercarse más y más a la luz.

Y de pronto se encontraron en un claro en el camino donde en el mismo centro reposaba sobre sus raíces un viejo sauce, tan solo iluminado por la luz de la luna y por otras luces que parecían nacer del interior del mismo tronco. En una de sus ramas se encontraban dos búhos más, uno del tamaño de Pim, y otro más pequeño, que en cuanto les vio emprendió el vuelo hacia ellos exclamando a voces: "¡Papa!" mientras revoloteaba alrededor de Ade y su compañero.

- ¿Papa?... -dijo Ade-.
- Sí, es mi pequeña alegría mi príncipe.  Por hoy hemos avanzado suficiente, esta noche podemos descansar aquí, junto a mi familia, y podrás dormir bien cómodo, puesto que acabamos de llegar a mi hogar.

martes, 25 de febrero de 2014

Un mini.

Estaba escribiéndote, tengo preparado algo muy chulo para esta parte 1 (y lo que viene después). Las circunstancias no me permiten seguir escribiendo ahora, pero aquí tienes lo que llevo =)

El Estandarte de Aï
Capitulo 3 - Parte 1
Sobre la vida
El sol se aproximaba lentamente a las montañas y Ade seguía cabalgando a medio ritmo en dirección al bosque. Perderse era imposible, ya que solo había que seguir el camino real que se extendía hasta el mismo inicio de la espesura. Pero aún y con esto el joven príncipe hubiera preferido contar con las indicaciones de Pim, y no entendía como este no hubiera aparecido desde que se marchó volando de su ventana, ya unas cuantas horas atrás.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Algo para que leas cuando te encuentres un poco mejor.

El Estandarte de Aï
Capitulo 2 - Parte 5
Sobre el lugar
Ade se despertó cansado, aunque menos que el día anterior. Recordaba perfectamente haber soñado con un brillante e intenso color azul. Hoy tampoco se hubiera levantado, pero un par de ojos le observaban desde la ventana. Era Pim, y con su presencia se diluía toda posibilidad que lo vivido el día anterior fuera solo un sueño.

Se levantó, y fue directamente a abrirle la ventana para saludar, aunque en vez de eso el ave alzó el vuelo dejando al príncipe con el "buenos días" en la boca. El sol brillaba intensamente en la parte más alta del cielo por lo que debía ser una hora muy cercana al medio día. Un calculo rápido le indicó que debía haber dormido unas cinco o seis horas. No estaba mal si así era, aunque igualmente no echara a faltar más horas de sueño.

Hoy se tomó menos tiempo para vestirse. Entendiendo que debía partir vete a saber donde, procuró vestir un día más algo cómodo para cualquier tipo de necesidad. Dejar atrás los ropajes de castillo y vestir como un autentico aventurero era algo que ya no tan al fondo empezaba a gustarle. Aún así, el desconocimiento frente a su devenir le creaba un pequeño nudo en el estomago, y esperaba que sus reacciones físicas no pasaran de ahí. 
Una vez vestido, y como era costumbre en él, posó frente al espejo de su habitación para echarse una última mirada, esta vez solo a los ojos, como si buscara un cruce de miradas con su yo reflejado.

Al salir de sus aposentos un guardia le indicó que su madre le esperaba en los suyos, y ahí se dirigió. La conversación que mantuvieron no tiene la relevancia suficiente como para aburrirte ahora con ella, así que sobre esta solo comentaré que fue la despedida habitual madre-hijo, y que Ade no encajó muy bien la sonrisa permanente en el rostro de su progenitora. 
Y no fue hasta muchos años más tarde cuando entendió lo tremendamente orgullosos que unos padres pueden llegar a sentirse de sus hijos, y que en algunos momentos es mejor esconder tras una sonrisa o supuesta indiferencia el miedo a la perderlos, que hacer cargar sobre sus propios hijos estos temores. Su madre, como todas las madres, no era una excepción.

Todo lo que necesitaba el príncipe lo tenía ya preparado en la entrada a palacio, hasta un caballo. Todo excepto compañía, siendo la única persona que se ofreció a acompañarle la última que querría Ade a su lado, su hermana la princesa.
- Tú te lo pierdes -exclamó ella, y lo abrazó con fuerza-.
- Por suerte para mi -le respondió él, despeinandole el cabello-.

Ade se montó en su caballo y siguiendo las indicaciones que Pim transmitió a la reina, puso marcha rumbo al bosque que conectaba los dos extremos de la isla. De camino, atravesó la avenida principal de Solea, donde algunos ciudadanos le saludaron a viva voz, pero la mayoría se limitó a hacerlo con un movimiento de cabeza, cuando no se hacían los despistados. 
Nadie sabía el devenir de los acontecimientos a partir de ahora, y eso a la gente común tiende a crear rechazo.

Pero el príncipe se sentía menos cansado que ayer, y eso acabó siendo un buen augurio, porque aun creyéndose ya curtido con todo lo vivido recientemente, esta aventura solo acababa de empezar.

jueves, 13 de febrero de 2014

Un pequeño pasito atrás para seguir seguros hacia delante.

El Estandarte de Aï
Capitulo 2 - Parte 4
Sobre el lugar
    Aï también lamentaba que su padre no estuviera con ellas. 
    Con Ade tenía en común que aprendió demasiado joven lo que es echar de menos a un padre, pero aunque eso a ella le marco de por vida, no le impidió conseguir grandes gestas.

    A sus diecisiete años y aún como princesa, acordó con la reina de Cabra el primer tratado de paz en tres siglos de hostilidad entre los dos pueblos.

    A los diecinueve, amplió el tratado a un acuerdo de repartición de mares que asombrosamente contentaba a ambas partes por igual. Fruto de esto, los dos pueblos pasaron a considerarse amigos por primera vez en cinco siglos.

    A los 21, la princesa de Solea había puesto en marcha toda una red de comercio, y la gente iba y venía de una isla a otra, y comerciaban, y se mezclaban. Ya no era sorprendente ver a Crala, la princesa de Craba -y gran amiga de Aï, por cierto- de visita a Solea o viceversa.

    Tales fueron estos logros que a sus 22 la princesa ya era admirada y venerada entre su gente, porque en definitiva, se trataba de una monarca única y especial.

    Por todo esto, a los 23 años su madre le cedió la corona y fue nombrada reina.

    No te diré que cambiara, pero sí que empezó a volverse más reservada. Tal vez fruto de la responsabilidad, con el tiempo empezó a ser común que Aï se pasara largas semanas recluida en su palacio. Aún así continuó haciendo grandes cosas, como la entrega de derechos civiles a sus súbditos, que pasaron a ser ciudadanos, o la abolición de los odiados jueves, pasando así la semana a ser bloques de seis días.

    Las nuevas semanas fueron pasando y con ellas los meses y los años. El día que cumplió los 25 años Aï le pidió a su sirvienta que la acompañara hasta arriba del camino silvestre. Se lo pidió como amiga, y esta no pudo decir que no. Juntas marcharon de buena mañana camino arriba. Aï llevó en sus manos un rollo de tela: "un dibujo que he hecho" se limitó a responder a su amiga cuando esta le preguntó.

    Cuando llegaron arriba, Aï se encaramó a un poste que había mandado construir meses atrás, y colgó de él su lienzo. El dibujo era simple pero hermoso, brillaba con luz propia.

    "Quisiera mantenerlo ahí colgado, es importante. Os será útil cierto tiempo, y un día mostrará el camino a seguir." Fueron las enigmáticas palabras que Aï encomendó a su sirvienta.

    Después de ese día se sucedieron muchos otros tan grises como los anteriores, Aï seguía ausente, pero se le veía ir y venir por el castillo, y a veces salía de expedición con la única compañía de su inseparable búho mascota. En una de estas salidas anduvo previamente buscando a su amiga y sirvienta a la que dio un fuerte abrazo antes de partir. 

    Como te puedes imaginar esa noche no regreso, ni las posteriores. La corte, temerosa por su princesa, accedió a profanar su dormitorio por si encontraban alguna pista de por donde podía andar, para mandar allí ayuda en el caso de que fuese necesario. 

    Pero no encontraron nada de eso, solo una pequeña nota con instrucciones.
    Apenas unas cuantas directrices para dirigir el reino en su permanente ausencia.

    miércoles, 12 de febrero de 2014

    Recapitulemos:

    Ade era un joven príncipe del reino de Solea, que se encontraba en la isla del mismo nombre. Como era tradición en su dinastina desde tiempos inmemorables, al cumplir la mayoría de edad debía emprender un peregrinaje a la cima de la montaña más alta, donde se encontraba el estandarte de Aï, una reliquia que custodiaba todo el reino y lo protegía de todo el mal interior o exterior que pudiera dañar a su gente. Esta reliquia fue el legado de Aï, princesa y reina de Solea, que un buen día decidió partir para no volver.

    Ade se enfrento gallardamente a su destino como príncipe y fracasó, al menos unas cuantas veces, antes de llegar por fin a la cima justo en el momento que una gran explosión de luz hizo de la noche el día y se llevara tras de sí el gravado que imprimía el poder místico al estandarte, quedando este como una simple retazo de ropa. 

    Frente a la magnificencia de lo ocurrido Ade se queda atónito y sin saber como actuar, hasta que Pim, un búho parlanchin y supuesta mascota de Aï, se presenta y le anima a volver al castillo a contar lo sucedido. Una vez allí Ade y Pim exponen el asunto a la reina regente de Solea y se decide que será el príncipe quien recorrerá hasta el último rincón del reino, siguiendo la pista que llevó a Aï a la creación del estandarte y su marcha del reino.



    Y este sería un buen resumen de una historia que apenas ha empezado y que va a proseguir muy muy pronto. 
    Porque te yo yu.

    Amadeu Martínez


    lunes, 10 de febrero de 2014

    Algún bloqueo cósmico y sideral, de esos que debería de eliminar.

    Me encanta observarte y verte mejor que nunca, en persona, en fotografías, a solas o en el centro de toda esa gente que ahora nos acompaña.

    Me encanta ver también que has recuperado tu gusto por la escritura, y que escribes tan bien como siempre.

    Y de alguna manera yo me siento pequeñito frente a esto último, y no debería, porque esto no es un examen para descubrir quien es el mejor. Y me da mucho miedo seguir con mi cuento, por si no estuviera a tu altura -en lo que sea que eso signifique-, y que eso te pudiera decepcionar.
    Pero parte de mi sabe que será especial por el simple echo de que lo escribo para ti, y que si dejara de tener miedo sobre si me va a quedar bien o mal, sería entonces cuando mejor me saldrían las cosas.

    Tengo que darle más voz a la parte del cerebro que ve el lado bueno de las cosas, creo que voy por el buen camino, aunque queden algunas cositas por pulir. Creo que es solo cuestión de seguir intentando vivir con el espíritu positivo que tan buenos resultados me esta dando.

    Creo que todo esto lo estoy escribiendo también para mi, pero me gustaría que supieras que no me olvido de nada, que me muero de ganas por sorprenderte, enamorarte, crear para ti y saber que estás disfrutando con ello, y sí, tengo mis bloqueos, pero también siento que confías en mi, y eso es un gran apoyo que me anima a seguir cada día con ilusión en las venas.

    Te quiero mucho y quiero ser el mejor para ti.
    Amadeu,