Capitulo 3 - Parte 1
Sobre la vida
El sol se aproximaba lentamente a las montañas y Ade seguía cabalgando a medio ritmo en dirección al bosque. Perderse era imposible, ya que solo había que seguir el camino real que se extendía hasta el mismo inicio de la espesura. Pero aún y con esto el joven príncipe hubiera preferido contar con las indicaciones de Pim, y no entendía como este no hubiera aparecido desde que se marchó volando de su ventana, ya unas cuantas horas atrás.
Casi era el atardecer cuando llegó al final del camino, señalizado con un cordel rojo -bueno, al menos debió tener ese color en su día- a lado y a lado del fin del pavimento.
Justo encima de uno de los soportes del cordel se encontraba Pim, que lo observó llegar mientras se purgaba con el pico el interior de su ala izquierda.
- Bienvenido al inicio del bosque joven príncipe, llegas razonablemente pronto.
- Pues no será gracias a tu ayuda, pensé que me acompañarías desde el castillo, -y bajando de su corcel añadió- ¿por qué no ha sido así?
- Pues por una simple razón mi príncipe: yo también tengo mis quehaceres, así como asuntos que requieren de mi intención, pero no te preocupes, en cuanto hayamos mandado de regreso a tu caballo podremos proseguir juntos el camino.
Ade al escuchar esto frunció el ceño y dijo:
- ¿Devolver a mi caballo al castillo? ¿No puedo proseguir con él?
- Por los lugares que pasarás sería difícil, por no decir imposible, que lo hicieras montado en un corcel. Puedes dar gracias de que tu amiguito de pelo blanco se haya prestado a llevarte hasta aquí.
La angustia pareció apoderarse del príncipe, que exclamó:
- Pero devolverlo al castillo... no se como hacerlo. Es más, temo que se pierda...
Y eso en parte era cierto, aunque lo que Ade se guardó para si mismo es que también usó estas palabras con la esperanza de disuadir al búho de hacerle recorrer el resto del camino a pie. Pero pronto perdió la esperanza ya que el ave contesto:
- Su joven alteza, de todos es sabido que los búhos saben hablar con los caballos.
Y sin dejar al príncipe añadir nada más, Pim planeó hasta posarse justo delante del caballo, y le empezó a ulular, gesticulando con su pecho y con sus alas. El caballo lo miraba como si entendiera lo que el búho quería decirle, y en un momento dado pareció asentir con la cabeza para después dar media vuelta e irse por donde había venido.
Ade estaba perplejo.
- Y ahora podemos proseguir. Si me lo permite me colocaré sobre su hombro y le iré dando indicaciones durante el trayecto, está empezando a anochecer y el interior del bosque quedará en la penumbra muy pronto.
- De acuerdo, total... tampoco tengo mucha más opción. Dime al menos que ahí dentro no nos encontraremos nada peligroso, o que se le parezca.
-¿Peligroso? No hombre no, de hecho es un lugar muy tranquilo, ideal para vivir.
Y juntos emprendieron la marcha. Al principio, todavía había suficiente luz para que Ade no requiriera más indicación que la dirección que debía tomar, vete tu a saber donde, con lo que Pim solo se limitaba a decir "gira a tu izquierda", "ahora a tu derecha" o "de frente".
La periferia del bosque todavía era un lugar fácil para transitar, sus árboles eran variados: robles, hayas, fresnos y avellanos, y estos mantenían la distancia suficiente como para que del suelo brotara césped y todo tipo de plantas, haciendo del suelo un lugar blando y agradable para transitar.
Pero el camino era cada vez más cuesta arriba, y la separación entre los árboles era cada vez menor, y a más alturas empezaron a encontrar pinos negros y abetos, y la luz ya no se filtraba y el suelo por el que caminaban empezó a hacerse cada vez más duro, y el césped y las plantas dieron paso a las piedras y raíces. Fue entonces cuando la ayuda de Pim se tornó más necesaria ya que este podía advertirle de lo que se encontraba a sus pies -la noche ya había llegado-, y aunque alguna vez sus indicaciones llegaron tarde y Ade tropezó y se dejó los dedos de los pies en alguna roca, suerte tuvo de contar con semejante ayuda encima de su hombro derecho.
Un poco más tarde, una eternidad para el príncipe, empezaron a ver una luz a la lejanía, "ya casi hemos llegado" dijo Pim misteriosamente, y Ade esa perspectiva le dio fuerzas renovadas que le permitieron acercarse más y más a la luz.
Y de pronto se encontraron en un claro en el camino donde en el mismo centro reposaba sobre sus raíces un viejo sauce, tan solo iluminado por la luz de la luna y por otras luces que parecían nacer del interior del mismo tronco. En una de sus ramas se encontraban dos búhos más, uno del tamaño de Pim, y otro más pequeño, que en cuanto les vio emprendió el vuelo hacia ellos exclamando a voces: "¡Papa!" mientras revoloteaba alrededor de Ade y su compañero.
- ¿Papa?... -dijo Ade-.
- Sí, es mi pequeña alegría mi príncipe. Por hoy hemos avanzado suficiente, esta noche podemos descansar aquí, junto a mi familia, y podrás dormir bien cómodo, puesto que acabamos de llegar a mi hogar.