miércoles, 26 de marzo de 2014

Capitulo 3 - Parte 5
Sobre la vida
Tal vez por la confusa idea de que les seguían, Ade no se encontró cansado ni hambriento hasta bien entrada la tarde. Sentía un nudo en el estomago que apenas le dejaba respirar. El bosque había quedado atrás ya hacía tiempo, y ahora el príncipe se encontraba a mucha altura, en la montaña, rumbo hacia la cara este de la isla.

El camino era amplio y la pendiente poco pronunciada, y raras veces se hacía estrecho u ofrecía vistas que provocaran el más mínimo vértigo. Eso favorecía el estado de Ade, que avanzaba cabizbajo recluido en su mundo, y no fue hasta que Pim le pidió que alzase la vista, que el príncipe no se percató de una extraña construcción que se encontraba justo al lado del camino.

Nueve bloques, de aproximadamente un metro y medio de alto por tres de largo, colocados el uno sobre el otro a modo de peldaños, conformando una inmensa escalera de caracol. Ade lo miro perplejo desde la base, y se preguntaba cómo podía ser que no conociera esta especie de escultura arcana. 

- Por fin hemos llegado -dijo el búho- aquí se encuentra el primer fragmento del gravado del estandarte.
- ¿Donde? -pregunto el príncipe demasiado pronto, ya que él solo supo la respuesta un instante después, antes incluso que le respondiera Pim-.
- Como puede suponerse, justo ahí arriba.
- ¿Y por qué se encuentra justo ahí arriba? -preguntó incisivamente Ade, que se defendía así de su evidente pregunta-.
- Pues porque las cosas importantes no se alcanzan fácilmente, mi astuto príncipe. Aï una vez estuvo sentada ahí arriba, y observo el horizonte durante largo tiempo. Fue ahí donde la idea del estandarte visitó su mente por primera vez, por eso es el lugar natural del primer fragmento del dibujo.

Entonces Ade entendió, pero como estaba aún enfadado no fue capaz de pedir perdón. Aún así asintió con la cabeza, y se encaró por la parte que le permitiría subir el primer bloque. Justo al situar sus manos para subir encima de la estructura, el príncipe descubrió en su parte superior una pequeña placa que ponía:

"Vamos a ello"
Y Ade subió el primer escalón.

"Ha sido fácil"
Ponía otra placa sobre la parte superior del segundo bloque.
- ¿Mensajes de Aï? -se pregunto el príncipe en voz alta-.
Y el príncipe subió sobre el segundo escalón.

"No mires abajo"
- No bien bien -le respondió Pim, que ahora revoloteaba por su alrededor-.
Y subió un escalón más.

"Lo estás haciendo bien"
Y Ade subió al cuarto escalón.

"Un pasito más y habré superado el ecuador"
Y el mensaje tenía razón, por lo que Ade se animó a subir un escalón más.

Desde allí Ade sintió la inmensa necesidad de descubrir todo el progreso hecho, así que lo primero que hizo fue cometer el error de mirar hacía abajo, cosa que por cierto más tarde lamentaría. La altura no solo era considerable, si no que todo el camino ascendiente se tornaba ahora en una muy alzada vista sobre el reino y todo lo que conocía el príncipe, que en ese momento se sintió mas alto que nunca.

"Soy estúpido" 
Ponía sobre el sexto bloque.
- Yo también, amigo mío -respondió lamentándose, aunque subió un escalón más-.

"Sólo tres más"
Y Ade subió sobre el séptimo bloque sin apartar la vista del octavo, su temor empezaba a ser considerable.

-¡Hace mucho viento aquí arriba! -Exclamó el príncipe buscando la empatia de su amigo alado-.
- ¡Pues no hace nada comparado con el día que subió aquí la princesa! -respondió Pim-, las copas de los árboles bailaban de lado a lado ¡y hasta a mi me costaba mantener el vuelo!

"Tengo miedo, pero tengo que hacerlo"
Y como si se lo dijera a si mismo, Ade subió encima del octavo escalón.

En ese momento Ade supo que no sería capaz de subir encima del noveno escalón. Él, necesitaba algo a lo que agarrarse para escalar, y de momento no sabía como subir sin un punto de apoyo. 

Pero también descubrió que no era necesario subir al noveno bloque para llegar al legado de Aï, y es que desde el octavo bloque se veía perfectamente la novena placa, y encima de ella un gravado en la piedra tal que así:


"Aun te queda camino para llegar a conseguirlo"

lunes, 24 de marzo de 2014


Probando, probando, uno dos...
Todo listo.

Si de verdad estoy cada día más guapo no creo que sea ni por social point ni por el dir, sino por que le sientas bien a mi vida. Igual de bien que espero que le siente mi presencia a la tuya, la verdad.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Capitulo 3 - Parte 4
Sobre la vida
Hasta las personas más especiales pueden llegar a sentirse desgraciadas. 

Aï no fue una excepción a eso, y sus últimos años no había sido los mejores de su vida. Llevaba un tiempo coleccionado gestas de esas que muchos creerían imposibles -yo mismo lo hubiese hecho, si no fuera porque me encontraba allí para verlas-, pero también perdió cosas por el camino, cosas muy valiosas.

Resulta que había visto sus sueños partir a alta mar, allí donde no eran accesibles para ella. Aï sentía pavor por el fondo del océano, así que solo le quedaba esperar a que estos volvieran. Decidió de mientras que era el momento de mejorar su entorno, y fue entonces cuando consiguió la mayor parte de gestas que conoces sobre ella, y que le sirvieron el título de reina.

Aún así el tiempo pasó, y ninguna de las acciones que había realizado hasta el momento consiguieron traer sus sueños de vuelta. Cuando la amargura creció lo suficiente, Aï fue capaz de encontrar el camino que conectaba los dos lados de la isla, y se adentró con majestuosidad hacia la región de lo que se esconde.

Eso la cambió, pero Aï no pertenecía a ese mundo sombrío, por lo que nunca se quedó allí mucho tiempo. Siempre que pasaba un tiempo en ese lugar, se acordaba fugazmente de todo lo que había dejado atrás, y entonces regresaba a donde pertenecía, donde está lo que se ve, y durante algún tiempo todo volvía a estar bien, salvo por lo que tú ya bien conoces: sus sueños nunca regresaban.

Algunos días se regalaba recordándolos, cuando estos se encontraban junto a ella y no tenían visos de desaparecer nunca. Otros, se preguntaba si toda la vida se iba a sentir así, y si ese tipo de existencia merecía la pena. Y así, saltando del pasado al futuro, empezó a perder la noción del tiempo y a ausentarse cada vez más del presente.
Lo cierto es que ella no había escogido sentirse así, y muy pocas personas llegaron a saber nunca de tal sufrimiento. Y supongo que fue por eso que nunca nadie descubrió el plan que empezó a tramar en sus aposentos, hasta que fue demasiado tarde. 

Un estandarte, como nunca antes se había visto en Solea, que protegía su reino de todo mal que pudiera llegar a la isla, pero también de todo aquel que pudiese surgir del interior de la misma. Una forma de ocultar a su gente el camino a todo lo que se esconde, una forma de protegerlos de su desdicha.

Y fue entonces, sabedora de que nadie podría seguir sus pasos, cuando Aï de una vez por todas decidió dejar atrás el reino al que pertenecía y sola marchó por el ahora oculto camino, y de allí jamás regresó. 

jueves, 13 de marzo de 2014

Capitulo 3 - Parte 3
Sobre la vida
- ¿Que hay que hacer? ¿Donde nos dirigimos? Dijiste que si te seguía hacia donde me llevaras empezaría a entender.

Era un jueves por la mañana, y Ade se encontraba descansado después de una buena cena y de dormir como un lirón. Era aún pronto, y caminaba búho en hombro por el bosque, en dirección opuesta al castillo. 
- Comprender -replicó Pim-, te dije que más pronto que tarde comprenderías todo.
- Dijiste entender, estoy seguro. En cualquier caso, me gustaría que me ayudaras, si no te es molestia, a entender un poco mejor la situación. Me estoy esforzando mucho y no ir tan a ciegas me daría los ánimos suficientes para seguir.

La verdad es que Ade llevaba muy mal no estar al corriente de la situación, y cierto era que su esfuerzo los últimos días había sido encomiable, así que tal vez sí era momento de ofrecer algo de luz a tanto misterio.
- De acuerdo joven príncipe, ¿se ha sentido usted observado en los últimos tres días?
Ade meditó unos segundos.
- No, que yo sepa -respondió extrañado-.
- Pues le observan mi joven y ciego príncipe, y le siguen allá donde va.

Tal afirmación recorrió en forma de escalofrío toda la espalda de Ade, que dirigió instintivamente su mano a la daga que colgaba del cinturón, y que hasta entonces solo había sido utilizada para pelar la fruta que recogía Ade directamente de los árboles.
- Y déjeme decirle que esa Daga no podría hacer nada en el caso que decidiese usarla contra aquel que le sigue. Lo mejor es que prosiga, no creo que le haga nada... de momento.

Ade retiró lentamente la mano de su daga, y siguió caminando. Los árboles cada vez se separaban más entre sí, por lo que Ade pensó que seguramente habían dejado atrás el centro del bosque, sin embargo, las copas todavía estaban lo suficientemente entrelazadas y eso hacía que aún siendo de día caminaran en la penumbra. El príncipe con su mirada observaba a lado y lado del camino, como si esperara observar movimiento detrás de algún arbusto.
Aún así, no se atrevió a mirar atrás.

- ¿Tu sabes quien nos sigue Pim? Susurró a la oreja del búho.
- Lo siento, ni siquiera yo puedo saber eso, pero no me preocupa en exceso la verdad. No parece tener intención de hacernos daño, parece que solo le resultamos... interesantes.

La confusión del príncipe iba en aumento, como no podía ser de otra forma.
- ¿Donde me has dicho que nos dirigíamos y que teníamos que hacer?
- No te he llegado a responder, mi olvidadizo príncipe, pero ya falta poco para llegar, y... ¡mira por donde! aquí estamos. -Y con su ala señaló un árbol- ¿Quieres saber que hemos venido a hacer aquí? Busca en esa corteza un mensaje tallado, vamos a ver si eres capaz de despertar consciencias.

Ade dirigió su mirada hacia el tronco que Pim señalaba con su ala y justo en el centro del mismo pudo leer: 
- "Buenos días señorita, espero que tenga un buen jueves".

miércoles, 12 de marzo de 2014

Un caballero siempre cumple con su palabra.

Te prometí que te escribiría algo desde un lugar donde no te despertara, y aquí es buen sítio para hacer honor a esto. Estoy un tanto intoxicado estomacalmente, pero espero mañana encontrarme bien. Ando un tanto preocupado con lo que me dices de que estás llena de odio, pero también me siento muy orgulloso de ti por compartir conmigo estos razonamientos, y atreverte a sopesar la posibilidad de que realmente te ocurran, que aceptar algo así siempre es difícil. Eres una valiente.
Tengo claro que quedarme a tu lado es mi lugar. Dándote mi apoyo y estando disponible para lo que necesites. No entrometerme. Respetarte.

En esto, como en las cosas que sucederán en un futuro, estoy seguro que si algo realmente te preocupa, encontrarás tus respuestas y serás capaz de afrontar cualquier cosa. Y estoy seguro que contarás conmigo siempre que así lo sientas.

Yo confío en ti, me gusta mucho como eres, tengo fe ciega en tu futuro, y quiero estar a tu lado.

Espero que hayas podido descansar lo suficiente y que tengas un muy buen miércoles. 

Amadeu


miércoles, 5 de marzo de 2014

Un nuevo retazo para antes de ir a dormir.

El Estandarte de Aï
Capitulo 3 - Parte 2
Sobre la vida
¿Has estado alguna vez en la casa de algún búho? Sí es así, sabrás que tienen bien poco a ver a como se las imagina la gente corriente. Dentro de los árboles, lejos de encontrar agujeros estrechos e incómodos, existen estancias talladas en madera que no solo son amplias, si no totalmente cómodas y confortables. Los espacios desde dentro siempre parecen mayores a como uno se los imagina desde fuera. Así, lo usual es que en una casa búho puedan existir hasta dos y tres estancias de estas, dedicando la habitación principal al reposo de la familia, una segunda que sirviera de comedor - sala de invitados, y de tener suerte una tercera que cumpliera las funciones de despensa. Estas salas estaban conectadas entre sí por túneles internos y lo normal en que una única entrada -generalmente en el comedor- diera acceso a todo el habitáculo.

Siendo Ade bastante negado en la escalada de árboles resultó que la entrada a la casa de Pim se encontraba a una altura especialmente alta, y aunque no entraremos en detalles, te puedes imaginas fácilmente como fue: Ade se quejó mucho, Pim le animó, y al final resultó que sí podía trepar por los árboles, solo que nunca lo había intentado y su mente le invitaba -con ese común “tú no puedes”- a no hacerlo.

Una vez dentro y acomodados, Pim conoció a toda la familia al completo: Pai, su encantadora y atenta esposa, y Kai, el pequeño de la familia, en esa edad donde las energías de los niños parecen inagotables. Juntos se pusieron a cenar -desayuno para la familia búho- y cada uno se comió lo suyo, porque si no lo sabías, por muy educados y cultos que puedan llegar a ser los búhos, estos se alimentan especialmente de ratas, siempre y cuando estas no llevasen lentes de visión que indicasen que también son parlanchinas.

Una vez cenados y el pequeño Kai acostado, los adultos se quedaron a parlamentar frente a una taza de café. Pim, como no podía ser de otra forma, contó como conoció a Aï, y miles de anécdotas vividas junto a ella. 
Ade escuchaba atentamente cada una de las historias, ya que el echo de que alguien hablara de Aï como la chica que fue y no como la legenda que se formó le resultaba algo insólito y fresco. Esta no sería la última vez que hablaron de Aï pero sí fue el punto donde Ade empezó a tener una imagen suya de cercanía y cierta clase de empatía hacia ella.
-Y cuando decidió partir para siempre -dijo el viejo búho extasiado por el aroma del café- decidí abandonar el palacio y volver a mi tierra natal en los bosques, donde ya conocía a Pai, y al poco tiempo alumbró un hermoso huevo del que salió Kai.

Al igual que en la tuya, una alarma resonó en la cabeza de Ade. Algo no cuadraba en toda esta historia.
-Disculpa Pim, dices "al poco tiempo de partir Aï", y de eso hace ya dos edades, tuvisteis a Kai. Él sigue siendo un niño, ¿que edad tiene tu hijo?
-Tiene tres años -intervino Pai, que se dedicaba ahora a recoger platos y llevarlos de vuelta a la despensa y que solo había escuchado la última parte de lo que Ade había dicho.

Pero Pim había entendido perfectamente la duda en las palabras y los ojos de Ade, a lo que muy seriamente respondió:
- Verás Ade, es comprensible que tú, al igual que la mayor parte de tu gente, no sepáis todavía que el factor tiempo carece de importancia aquí, y con “aquí”, me refiero a este reino. Entiendo tu confusión, pero esto es algo que Aï descubrió también y que tú todavía no estás preparado para entender, pero lo harás más pronto que tarde y comprenderás perfectamente como mi pequeño Kai pueda tener tan solo tres años en lo que tú llamas "dos edades".


Y al igual que tú, Ade se encontró cada vez más perplejo con tanto misterio en tan poco tiempo. Pero si algo te puedo avanzar que él todavía no sabía en este punto, es que no más allá del final de este capitulo todo empezaría a tomar forma y que tanto tú como él, empezaréis a entender.

domingo, 2 de marzo de 2014

Sumamos pares.

Creo que fue el finde pasado cuando me dijiste algo así como "¿ves?, ya estoy bien, me sirves para hacer reset.", puede que las palabras no sean literales pero creo que por ahí iban los tiros.

Bien, hoy te puedo decir que sí, cariño, que esto ocurre, en ambas direcciones ya que yo también lo siento. Me ayuda estar contigo, me hace sentir bien, me ayuda a descansar y a recuperar fuerzas, pero sobretodo me hace sentir que en buena parte recupero las ganas de enfrentarme a lo que tiene que venir. En nuestros casos, la semana que ya empieza.

Y aquí, detecto una gran diferencia a todo lo que precede hasta que llegaste: jamás me habría, nunca acepté consejo o ánimos de nadie, y eso tendía a provocar la frustración de quien intentaba hacerlo. Sin embargo contigo... lo necesito, contigo sí siento que necesito contarte mis cosas, como necesito saber tu opinión, tu visión, o tu consejo. Y cuando digo lo necesito soy consciente del vocablo que utilizo, no es que no me importe recibirlo, es que lo quiero, que siento que me falta si no lo tengo.

Y en este tipo de cosas, las que realmente marcan la diferencia, es cuando entiendo lo especial de todo esto y cuando siento que sí, que me quiero quedar contigo, y pienso y fantaseo con una vida a tu lado, y me apetece cada vez más conversar sobre nuestro futuro, y cuando te hago propuestas extremas, que pueden ser broma pero que a la hora de la verdad podrían no serlo tanto.

Felices 14 meses, y los que tienen que venir.

Amadeu Pacheco