jueves, 13 de febrero de 2014

Un pequeño pasito atrás para seguir seguros hacia delante.

El Estandarte de Aï
Capitulo 2 - Parte 4
Sobre el lugar
    Aï también lamentaba que su padre no estuviera con ellas. 
    Con Ade tenía en común que aprendió demasiado joven lo que es echar de menos a un padre, pero aunque eso a ella le marco de por vida, no le impidió conseguir grandes gestas.

    A sus diecisiete años y aún como princesa, acordó con la reina de Cabra el primer tratado de paz en tres siglos de hostilidad entre los dos pueblos.

    A los diecinueve, amplió el tratado a un acuerdo de repartición de mares que asombrosamente contentaba a ambas partes por igual. Fruto de esto, los dos pueblos pasaron a considerarse amigos por primera vez en cinco siglos.

    A los 21, la princesa de Solea había puesto en marcha toda una red de comercio, y la gente iba y venía de una isla a otra, y comerciaban, y se mezclaban. Ya no era sorprendente ver a Crala, la princesa de Craba -y gran amiga de Aï, por cierto- de visita a Solea o viceversa.

    Tales fueron estos logros que a sus 22 la princesa ya era admirada y venerada entre su gente, porque en definitiva, se trataba de una monarca única y especial.

    Por todo esto, a los 23 años su madre le cedió la corona y fue nombrada reina.

    No te diré que cambiara, pero sí que empezó a volverse más reservada. Tal vez fruto de la responsabilidad, con el tiempo empezó a ser común que Aï se pasara largas semanas recluida en su palacio. Aún así continuó haciendo grandes cosas, como la entrega de derechos civiles a sus súbditos, que pasaron a ser ciudadanos, o la abolición de los odiados jueves, pasando así la semana a ser bloques de seis días.

    Las nuevas semanas fueron pasando y con ellas los meses y los años. El día que cumplió los 25 años Aï le pidió a su sirvienta que la acompañara hasta arriba del camino silvestre. Se lo pidió como amiga, y esta no pudo decir que no. Juntas marcharon de buena mañana camino arriba. Aï llevó en sus manos un rollo de tela: "un dibujo que he hecho" se limitó a responder a su amiga cuando esta le preguntó.

    Cuando llegaron arriba, Aï se encaramó a un poste que había mandado construir meses atrás, y colgó de él su lienzo. El dibujo era simple pero hermoso, brillaba con luz propia.

    "Quisiera mantenerlo ahí colgado, es importante. Os será útil cierto tiempo, y un día mostrará el camino a seguir." Fueron las enigmáticas palabras que Aï encomendó a su sirvienta.

    Después de ese día se sucedieron muchos otros tan grises como los anteriores, Aï seguía ausente, pero se le veía ir y venir por el castillo, y a veces salía de expedición con la única compañía de su inseparable búho mascota. En una de estas salidas anduvo previamente buscando a su amiga y sirvienta a la que dio un fuerte abrazo antes de partir. 

    Como te puedes imaginar esa noche no regreso, ni las posteriores. La corte, temerosa por su princesa, accedió a profanar su dormitorio por si encontraban alguna pista de por donde podía andar, para mandar allí ayuda en el caso de que fuese necesario. 

    Pero no encontraron nada de eso, solo una pequeña nota con instrucciones.
    Apenas unas cuantas directrices para dirigir el reino en su permanente ausencia.

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