Mi viaje a Vielha
Hacía mucho tiempo que esperaba algo así, algo a lo que pudiéramos
llamar nuestras primeras vacaciones juntos, un título que ya de por si
convertiría la escapada más insípida en algo especial. Así que imagínate
la consideración que uno puede tener hacia unos días que no solo no
fueron para nada insípidos, si no llenos de tanto sabor.
Un viaje en carretera largo que se hace corto a tu lado, un dedo que
señala tu pasado bajo un inmenso globo aerostático, un horizonte por
delante y decenas de paisajes que encienden estos ojos que tanto creen a
veces haber visto, y que tan poco parecen haberlo hecho. Un clima
suave, perfecto para pasear y pasear a tu lado, siguiendo a un pueblo
que se manifestaba por la vida y contra el sufrimiento de la mujer, un
buen motivo para acompañarles desde la distancia, nosotros siempre tan
discretos. Encontrar el oso del que nos advertía mi hermana y descubrir
que es amigable y que hace bien de comer. Llegar por fin a ver el lugar
que en los próximos días sería nuestro hogar, y que este sea perfecto.
Pasear hasta que se nos hace de noche y mostrarnos el uno al otro la
mejor versión de nosotros mismos: Tranquilos, risueños, confiados. ¿Se
puede empezar mejor? si es así que me lo demuestren, que yo solo creo en
lo que veo.
Segundo día, parecemos un matrimonio en el súper. Me regañas porque
propongo que te lleves algo rico para ti... a veces me cuesta
entenderte. Al final hacemos una compra estupenda por un precio record,
me siento satisfecho. Comemos y nos ponemos rumbo a Sort, parece que
será más largo de lo esperado, pero como he dicho antes eso a tu lado no
es un gran problema: otro viaje de esos que te llenan los sentidos a
cada curva. Llegamos a Sort y empiezo a sentirme confundido, no parece
ser el lugar que buscabas en tus recuerdos, pero por ahí pasa un río y
estás tan bonita... quiero fotografiarte. Paseamos y paseamos y acabas
descubriendo que el lugar no se parece a lo que recordabas. A veces no
es buena idea volver a donde uno tiene un recuerdo idílico. Pero el
lugar sí resulta ser Sort y conseguimos al fin la lotería. Menuda
suerte. Me ciego. Me quedo sin aliento y sin palabras, no se si he
entendido bien lo que me querías decir. Quiero estar solo, quiero
refugiarme, quiero volver y descubrir que todo era un malentendido mío,
otro más. Pero no lo es y yo no se como hacer las cosas mejor. Y de
repente no se sabe como, estalla la bomba. Estamos separados y no se me
ocurre otra cosa que volver por donde caminábamos felices ayer. Intento
encontrarnos pero todavía no se mirar a través del tiempo, todo se
andará. Vuelvo a casa y no estás, te espero, te evito y te busco. ¿De
verdad es este el fin? ¿De verdad lo ves así? Solo una idea pasa por mi
cabeza entonces, volver a casa, a mi cueva, a ese lugar donde no puede
venir nadie a dañarme y nadie sabe lo que ocurre.
Pero llega el tercer día y me quitas la idea de la cabeza. Que gran qué
eso de echarse de menos bajo un mismo techo. Quiero seguir creyendo, así
que me entrego a la esperanza. Pasamos el día tranquilamente y nos damos
mimos y amor. Volvemos a los paseos, la lluvia parece que ha llegado
para purificarnos. Encontramos una tienda que realmente merece la pena y
me lamento por dentro de no poder comprártela entera. Pero parece que
con poco eres feliz y volvemos con algunas cosas bonitas a casa. Quieres
un café y me ocupo de ello. De cuidarte sí que puedo, cuando se trata
de eso las cosas no me cuestan. Que suerte que mi tapón funcione. Saber
que disfrutas de ese baño es todavía más placentero que darme yo uno. No
ha sido un mal día, y el de mañana promete ser todavía mejor.
Y llegó el gran día, el día de la aventura. Un camino de piedra, raíz,
árbol y otra piedra, y así durante casi dos horas. Mi cuerpo me falla
pero no pienso dejar de ir a tu lado, o al menos detrás más o menos a tu
ritmo. El viaje merece la pena desde el mismo momento en que te veo
saludar a las vacas. Me apetece pasar la vida con una mujer con estas
salidas. Llegamos al estany de sant maurici y el lugar me deja sin
respiración. Formidable. Me entretengo haciendo fotos aquí y allá,
sacándote en ellas siempre que puedo. Me pides que te haga una foto muy
especial, no deja de tener su punto triste pero me alegro de estar a tu
lado, procuro desde entonces hacerte reír más todavía. Visitamos unas
cascadas y otro estany, hacemos más fotos y capturo a Dios, cosa que
parece sorprenderte, y se me hincha el pecho por ello. Ya tengo fuerzas
para aguantar el resto del día. Volvemos tranquilamente escuchando todas
tus anécdotas, me limito a escucharte y a no concentrarme en cuanto me
duelen los pies. ¿Un árbol rojo? En lo que me tendré que convertir por amor... El coche se convierte en el paraíso y aún nos queda una
aventura más visitando un lago y escapando de unos mosquitos. Vaya día
más completo. Insuperable.
Y como las mejores historias, esta aventura llega a su fin al amanecer
del quinto día. Volvemos reventados y con un extraño olor en el pelo,
pero contentos. Hacemos bromas sobre todo, deseamos descansar. Nos lo
hemos ganado. Tengo ganas de llegar ya a casa, de procesar todo este
viaje y de descansar, sobretodo descansar. Vuelvo con una idea clara:
quiero más de esto, quiero vivir más historias contigo. Me parece que
toda una vida se me va a hacer corta, así que debemos aprovechar mejor
el tiempo. Y sobretodo tengo claro que quiero dejarte justo en el lugar
donde siempre te he tenido:
En el centro de todas las cosas hermosas.