jueves, 28 de noviembre de 2013

Felices 11 meses, friolera mía

El Estandarte de Aï
Capitulo 2 - Parte 3
Sobre el lugar
    El pueblo entero enmudeció.
    Era tal la magnitud de aquella afirmación, que nadie osó siquiera ponerla en duda, puesto que equivocarse en un asunto de tal trascendencia hubiese sido vergonzoso.

    El búho entonces dejó caer su  cuerpo hacía delante y con un suave planear se dirigió hacía Ade, que de forma instintiva extendió su brazo para que se posara. Desde ahí miró a la reina y le dijo:
    - Saludos mi reina, yo hace tiempo conocí a su esposo.
    - Lo se -respondió ella para sorpresa de los allí presentes-, me habló de ti.
    - Aunque lo conocí de joven apuntaba a buen hombre, espero que lo consiguiera mientras tuvo tiempo.
    - Lo intentó cada día.

    Y dejando atrás los cumplidos, Pim prosiguió:
     - Su hijo no ha dicho ni una sola mentira, el estandarte ha perdido su poder. La protección que otorgaba sobre esta isla ha desaparecido, aunque todavía nadie sabe de esto por lo que pueden estar tranquilos por el momento. Aún así es importante restaurar el emblema con rapidez, y tendrá que ser su hijo quien se encargue de ello. El chico estaba en el lugar preciso en el mismo momento que ocurrió, y mi experiencia me dice que nada que pasa es casualidad.

    La reina asintió con la cabeza. En los siguientes minutos se acordó que Ade pudiera dormir el tiempo que necesitara y saliera en cuanto los preparativos estuvieran listos. El pueblo marchó también a sus casas a dormir, aún quedaban un par de horas de noche. La gente, tan alterada hace unos minutos se despedía ahora cortésmente, "confiamos en ti" le llegó a decir un hombre a Ade, y este pensó cuanto puede cambiar lo que opina la gente de uno dependiendo de si tiene alguna empresa en la vida o no.
    Y con ese pensamiento se fue a dormir.

    Supongo que por todo lo vivido en el día anterior Ade tuvo una terrible pesadilla: soñó con que era el fin de Solea, y que por alguna razón él trataba de encontrar a Aï. Tenía claro que ella se encontraba en la playa, y aunque no sabía como llegar allí, estaba convencido que si veía su cara la reconocería.

    Pero no la encontró, y ese sueño provocó que Ade se despertara menos descansado de lo que debería. Aún así partió en busca de su madre, y la encontró en sus dependencias. Aunque sabía que ella nunca había estado frente al estandarte -ella era de origen humilde, siendo su padre el príncipe heredero-, tenía la esperanza de que ella supiera que dibujo formaba el emblema.

    Pero la esperanza le duró poco:
    - Tu padre nunca me contó eso hijo mío, solo me dijo que una vez frente a él se le presentó la mascota de Aï y le pidió que nunca revelara a nadie su insignia, y después me pidió que nunca le contara nada a nadie.

    Eso explicaba muchas cosas, y Ade lamentó una vez más que su padre no estuviera aún con ellos.

    lunes, 25 de noviembre de 2013

    El Estandarte de Aï
    Capitulo 2 - Parte 2
    Sobre el lugar
      Llevaba aproximadamente tres cuartas partes del camino de regreso recorrido cuando se encontró en sentido ascendente a su hermana la princesa acompañada de dos guardias. Ade, desde su posición alzada, la vio apenas unos segundos antes de que ella lo llegara a ver a él, y pudo observar en ese breve período de tiempo la expresión de preocupación en el rostro de su hermana.

      En cuanto ella le vio descender, no pudo evitar romper en lágrimas abalanzándose sobre su hermano en un acto muy poco decoroso para una princesa.
      - ¿Como estás? ¿Que ha ocurrido? Estaba tan preocupada por ti...

      Ade trató de calmarla, no estaba acostumbrado a que su hermana mostrara sus sentimientos -al menos los que sentía hacía él-, y no pudo evitar sentir por dentro cierto grado de satisfacción. Una vez calmada y puesta al día, emprendieron junto a los guardias el camino.

      En el castillo aguardaba un tumulto de gente que bien podría ser la totalidad del pueblo de Solea. 
      Que se hiciera de día en plena noche fue tomado como un mal presagio, y tan poco acostumbrados a este tipo de situaciones, decidieron espontáneamente presentarse a las puertas de palacio, a fin de reclamar consejo a la reina regente y tal vez, aunque esperando que no fuera necesario, protección.

      Los príncipes avanzaron entre el tumulto hasta llegar junto a su madre, que tenía un porte extraño mezcla de alivio, por ver sano y salvo a su hijo, y preocupación por entender qué había ocurrido allí arriba. Ade le mostró el estandarte y le explicó que por alguna razón había perdido su insignia. 
      El pueblo, bien atento a las palabras de su príncipe, estalló entonces en cientos de voces formando un murmuro ensordecedor: "¿No le creo!" se escuchó claramente a sus espaldas "¡Nos ha condenado!" sonó desde el extremo opuesto. 
      Efectivamente el pueblo estaba asustado, y en esos momentos es difícil mantener las formas. Ade escuchó muchas acusaciones que hubiera querido ahorrarse, y llegó el punto donde no pudo seguir con su historia y solo atinaba a mirar a los ojos de su madre, que le respondían que no sabía que hacer.

      En ese momento una voz se alzó sobre todas las demás para decir:
      - ¡Callar insensatos! El joven príncipe dice la verdad. 

      Era Pim, que entre todo el ruido de la gente había podido posarse en una rama del jardín sin que nadie advirtiera de su presencia, y que solo la reveló cuando decidió dejar sin palabras a los Soleanos.
      Un anciano demasiado mayor para sorprenderse por tal cosa lo miró fijamente y le replicó:
      - ¿Y porque deberíamos creerte, a ti un simple búho?

      A lo que el búho respondió:
      - Porque yo soy Pim, la mascota de Aï

      domingo, 24 de noviembre de 2013

      Algunas verdades

      Te observo en el lugar adecuado y es entonces cuando decenas de imágenes vuelven a mi cabeza para recordarme a nosotros mismos en aquellos días donde al verte me cohibía tanto que tardaba minutos -a veces muchos de ellos- a vencer ese estado.

      Recuerdo lo que sentía y lo hago tan intensamente, que esos sentimientos traspasan cualquier recuerdo y empiezan a recorrer mi interior vivos, de un lado a otro, como burbujeando, desordenando y oxigenando en cada rincón. Lo hacen para demostrarme que sí, que sigo viendo a la misma chica que admiraba, que me dejaba sin aliento, que me hacía sentir tanto y que veía tan especial.

      Me emociono al pensar que las cosas importantes siguen intactas.
      Y es que creo que con todo eso a guardo en el interior de mi pecho, lo demás es solo cuestión de voluntad.

      jueves, 21 de noviembre de 2013

      El Estandarte de Aï
      Capitulo 2 - Parte 1
      Sobre el lugar
        Si hace un instante Ade estaba paralizado admirando el resplandor del estandarte, ahora se encontraba igual aunque observando esa falta de luz. Sentía una mezcla de perplejidad, temor y también una cucharada de culpa, cuando entonces pudo escuchar nítidamente:
        - No ha sido culpa tuya.

        Eso le sobresaltó, el príncipe dejó de centrarse en el estandarte y empezó a mirar a lado y lado, y detrás. No vio a nadie, salvo ese búho que saludó minutos antes y que probablemente se había asomado fruto de la curiosidad del reciente suceso. 
        Aunque esa teoría murió cuando ese mismo búho lo miró fijamente y repitió:
        - No ha sido culpa tuya.

        Ade no pudo decir nada todavía, acto que el búho aprovechó para añadir:
        - Entiendo que te sorprenda ver a un búho hablar, en estos tiempos pocos quedamos ya y los que viven en estas tierras suelen ser lo suficiente desconfiados para no hablar con desconocidos. Mi nombre es Pim, y en estos momentos es todo lo que te puedo decir sobre mi. Como habrás podido observar el estandarte ha perdido su luz, y con ello su poder. Tu deber será que recupere su magia.
        - Mi deber? -Ade reaccionó-.
        - Sí, tu deber. No es culpa tuya pero estabas aquí justo cuando ha ocurrido. No serás capaz de darte media vuelta y volver como si nada ¿Verdad? Además, es una gesta a la altura de un príncipe como tú.

        El príncipe se sintió desbordado, y fruto de esto solo atinó a preguntar como sabía un búho como Pim que Ade era el mismísimo príncipe de Solea, a lo que el ave respondió:
        - Además un príncipe con pocas luces por lo que veo. ¿No has venido aquí como parte de tu ritual de lealtad hacía la legítima reina? Aï no era solo conocida entre su gente, también los animales, hasta las plantas y las flores siguen hablando de ella.

        Dándose cuenta de su destino, o tal vez empujado por los acontecimientos Ade se atrevió a preguntar qué debía hacer.
        - El estandarte ha perdido su magia porque ha perdido su dibujo, y tu deber será restablecerlo. Para eso tendrás que averiguar su contenido ya que imagino que no te habrá dado tiempo a verlo. Es posible que en tu castillo alguien pueda llegar a saberlo por lo que parte raudo hacía casa, y no olvides llevar el estandarte contigo.

        Y sin dejar replicar el búho emprendió el vuelo y se perdió en la inmensidad del cielo. En estos momentos Ade no podía pensar, no quería pensar, pero se encaramó al mástil y descolgó el estandarte, vaya si lo hizo, y lo guardó en su zurrón.
        Y emprendió el camino de vuelta escaleras abajo.

        lunes, 18 de noviembre de 2013

        El Estandarte de Aï
        Capitulo 1 - Parte 5
        Sobre el momento
          Un camino de piedra, raíz, árbol y otra piedra. Y escaleras.

          Y así consecutivamente, aunque no te creas que esto a Ade le molestaba en exceso, llevaba horas subiendo escalones, aunque realmente en el fondo lo disfrutaba, y eso que desde el segundo escalón empezó a sentir un fuerte pinchazo en la cadera. Pero Ade no quería decepcionarse a si mismo, ni tampoco quería decepcionar a Aï, con lo que se limitó a seguir ascendiendo, y con el tiempo el dolor prácticamente desapareció.

          Hacía poco que el Sol se había puesto por detrás de la montaña, y fue entonces cuando Ade se tomó un respiro para descansar y comer su primera ración de comida -hay que decir en honor a la verdad que Ade administraba estupendamente sus víveres-. Pero eso había sido hace un rato, y la noche se había posado elegantemente en torno del joven príncipe, que ya avanzaba guiado solo por la luz de la Luna y la mágica esencia del estandarte, que mostraba un final del camino cada vez más cerca.

          Ade había llegado mucho más lejos que en sus cuatro intentos anteriores, y eso suponía una inyección importante de autoestima en su moral, muestra de eso fue el saludo alegre a un búho que reposaba sobre una rama y que le parecía mirar atentamente, y desde ese punto recorrió con firmeza el último tramo de escalones que le separaban de su destino.

          Lo había conseguido, más allá de ese tramo se encontraba el mirador a todo lo que se ve de Solea, y en el borde del mismo, alzado por un mástil de madera, se encontraba imponente el estandarte. Ade se quedó ahí, justo debajo, admirando esa luz que le transmitía tanta paz. El estandarte ondeaba con la ligera brisa de la noche y su luz parecía cambiar su intensidad levemente de un segundo a otro.

          Si pudieras preguntar a Ade cuanto tiempo se pasó admirando tal maravilla seguramente no habría podido decirte un número exacto de segundos. La verdad es que fueron muchos, y muchos más hubieran sido de no ser porque esa luz empezó a volverse más y más intensa, hasta el punto en que tubo que taparse la vista con su brazo. 

          De un segundo para otro parecía que se había vuelto a hacer de día, y que el mismísimo Sol se encontraba solo a unos metros de altura del príncipe. Tres segundos, solo tres, y la luz desapareció.

          La noche volvió a todo el reino, y fue en ese preciso momento y no en otro, cuando el estandarte perdió por vez primera su poder y su luz.

          domingo, 17 de noviembre de 2013

          El Estandarte de Aï
          Capitulo 1 - Parte 4
          Sobre el momento
            En las primeras horas del tramo de ascenso no ocurrió nada de demasiado interés ni para Ade ni para esta historia, así que tal vez sea este el momento idóneo para hablarte un poco sobre su linaje, la familia real y su implicación en el día a día de la gente de Solea.

            Solea era efectivamente un reino, regentado por la familia de los Inez, a través una dinastía monárquica de carácter hereditario. Los herederos al trono eran los hijos o las hijas primogénitos de los reyes, aunque podía darse el caso -y de hecho era bastante común- en el que tal persona renunciara a tal empresa a favor de uno de sus hermanos o hermanas, sin que ello causase mayor problema. Así, por lo general, el miembro más apto era el que acababa siendo el heredero del trono.


            Tal flexibilidad viene dada porque tanto los Inez, como el pueblo al que dirigían, sabían perfectamente que no eran los legítimos reyes de Solea. Hace mucho tiempo, justo antes de que Aï renunciara a su cargo y se perdiera entre los bosques para no volver, tuvo a bien nombrar una persona para que se encargase de sus labores como reina. Aï nunca tuvo hermanos o hermanas, y siendo como era demasiado joven para tener hijos, la persona escogida fue necesariamente de una familia distinta, concretamente del clan encargado de servir y ayudar a los reyes y reinas de Solea.


            Nunca nadie se mostró públicamente en desacuerdo con tal decisión, menos aún después del regalo protector que dejó tras de sí. La gente de Solea sabía muy bien el amor que sentía Aï por su gente, y tras los numerosos logros conseguidos en su corto reinado, aunque doloridos por su marcha nadie dudó de que apoyar a la nueva familia real era lo correcto.


            A fin de cuentas Aï había acabado con la mayor parte de problemas que asolaban su reino. La herencia recibida permitió a los siguientes reyes ser más líderes consejeros del devenir de un pueblo libre que otra cosa. 


            Siempre a la espera de devolver ese deber a la legítima, si es que esta decidía algún día volver.

            sábado, 16 de noviembre de 2013

            El Estandarte de Aï
            Capitulo 1 - Parte 3
            Sobre el momento
            Una vez allí, Ade no encontró demasiada gente que le recibiera. Su madre, la Reina de todo Solea, así como su hermana y el mayordomo real se encontraban ahí; también estaban presentes los dos guardias de rigor, encargados de abrir y cerrar el portón de la parte trasera del castillo -que daba directo al camino ascendente de escaleras-, y nadie más. 

            Tan poca presencia de gente después de tantos intentos le pareció algo más que obvio al joven príncipe. En realidad no le gustó nada la pomposa recepción de la ceremonia del primer día, así que en ese aspecto estaba hasta agradecido, ya que deseaba que la despedida no se hiciera de rogar:


            - Madre, este es mi quinto intento, y sobre el estandarte juro que procuraré sea el definitivo.


            - Procura jurar bajo él, y así lo espero y que de verdad puedas conseguirlo. - y añadió – Ahora emprende tu marcha hijo mío, que la suerte esté contigo y cumplas por fin tu cometido.
            Dicho lo cual, el mayordomo le entregó un zurrón con tres raciones de comida y una cantimplora llena de agua fresca. "Gracias Filx", dijo Ade en un tono más amable que el que había usado un rato antes en su habitación. Y sin mediar más palabra se dio media vuelta, camino a la salida.

            El príncipe caminaba a paso firme hacía la puerta, convenientemente preparada para su salida, cuando la princesa no pudo evitar decirle desde la distancia "¡Cuidado con esa barriga, hermano!" que provocó las pocas disimuladas risas de todos los allí presentes, incluidos los dos soldados que tenía justo en frente.

            Una mirada furtiva a su traviesa hermana fue toda la respuesta que pudo dar en ese momento. Siguió andando hasta encontrarse ya fuera del castillo y, mientras el portón se cerraba tras de él, se encontró una vez más frente al interminable camino de ascenso, dispuesto a emprender la marcha por quinta vez y definitiva. Sin poder imaginar todavía el extraño rumbo de acontecimientos que se iniciarían en el preciso momento de cumplir por fin su misión.

            jueves, 14 de noviembre de 2013

            El final de lo conocido + Un trozo nuevo para ti

            El Estandarte de Aï
            Capitulo 1 - Parte 1 y 2
            Sobre el momento
            Ade ya se encontraba en sus aposentos a esas horas de la noche. Miraba a través de la ventana a lo alto de la montaña, justo hacia donde se encontraba el estandarte. Era fácil localizar su ubicación incluso de noche, y es que aún en la oscuridad, el legado de Aï emitía claramente una pálida luz.

            Ade miraba hacia el estandarte y se encontraba contrariado. Sabía perfectamente que a la mañana siguiente le tocaría subir el interminable camino de escaleras que llevaban hacia la cima, y una vez ahí le debería rendir culto. No tenía muy claro si sería capaz de llegar, y sus dudas estaban justificadas ya que no iba a ser la primera vez que lo intentaba. 
            Por si no sabes las costumbres de los Solea, te diré que desde hacía generaciones los príncipes herederos -ya sean chicos o chicas- debían subir en peregrinaje a través de la ladera de la montaña, con el fin de observar de cerca el legado de Aï y presentarle pleitesía. Ade era pues, el vigesimo-octavo príncipe al que se le encargaba esa misión, y también era el primero que no la conseguía realizar a la primera.
            Por alguna razón el destino había privado a Ade de tal gloriosa hazaña de las formas más variadas posibles: el primer intento una fuerte tormenta aguó los planes del príncipe, el segundo fue menos justificable y es que a medio camino un fuerte temor le obligó a dar marcha atrás; el tercero mejor no explicarlo, y el cuarto una torcedura de tobillo tuvo la culpa de hacer al príncipe desistir de su misión.


            Técnicamente no era culpa suya ninguno de esos fracasos, pero Ade sabía bien de lo innoble que resulta culpar siempre de tus miserias a la mala fortuna, además de saber perfectamente que empezaba a ser la comidilla de la gente. 
            Por todo eso, la quinta debía ser la definitiva. Y con ese pensamiento el joven príncipe se fue a dormir. 


            Ade se despertó tremendamente cansado. Recordaba vagamente sueños extraños con un fuerte olor a sal. No tenía ningunas ganas de alzarse, pero al tener un par de ojos mirándole fijamente desde la puerta no pudo regalarse un poco de tiempo extra ronroneando en su cama.
            Con el ceño fruncido se incorporó y visiblemente contrariado exclamó:
            - ¿A caso es necesario esto? ¿Tan poco confía la reina en mi?
            - No se ponga así, joven príncipe – exclamó el anciano – Su madre solo desea asegurarse de que se encuentra bien y que podrá atender a sus obligaciones.
            - Pues dígale a mi madre que no se preocupe más, que bien pronto como me dejen vestirme acudiré a iniciar mi cometido.

            El mayordomo asintió con la cabeza y se retiró de la habitación despidiéndose con un gesto cortés. Acto seguido Ade se levanto de la cama y se vistió con los ropajes especiales para la ocasión. Nada de florituras: un pantalón ligero, para largas horas caminando y un jersey recio sobre una camiseta de tirantes, y es que el otoño estaba avanzando con paso seguro y no quería arriesgarse a pasar frío, sobretodo si su acometido le llevaba -como probablemente así sería- más allá del ocaso y la marcha del Sol. 
            Hecho esto y calzándose sus botas se observó brevemente en su espejo. Entonces se incorporó, cerro un instante los ojos, y dando un largo suspiro se encaminó fuera de sus aposentos y escaleras abajo, hacía el patio trasero del castillo.

            miércoles, 13 de noviembre de 2013

            Una nueva historia comienza para todos

            Prólogo
            Solea era una pequeña isla en medio de un gran océano. Solea era también un reino, y como tal tenía su propia ciudad, que por cierto compartía el mismo nombre. Hoy en día no podrías llegar ahí con avión o barco, pero en sus días de gloría era un pueblo bien frecuentado.
            Sus gentes tenían una vida apacible y feliz, y aunque no siempre fue así, hacía mucho tiempo que en Solea se respiraba la paz.
            Y es que ese pequeño reino contaba con la bendición de un pequeño estandarte, no más alto que un niño de seis años, ni más ancho que la distancia que hay entre tus hombros. Esa pequeña pieza de ropa velaba y protegía a todos en la isla. Y situado por su creadora en la cumbre de la montaña más alta, no había lugar donde no llegará su luz.
            Ese fue el precioso regalo que dejó tras de sí Aï a su gente, justo antes de despedirse de todos ellos y desaparecer para siempre.

            Esa reliquia era conocida como el Estandarte de Aï.

            El Estandarte de Aï
            Sobre el momento, sobre el lugar, sobre la vida, sobre el amor y sobre el destino
            "Como bien sabes en esta isla existen dos regiones, y tu vives en la parte de Lo que se ve. En tu misión deberás dejar atrás estas tierras a fin de adentrarte en la parte de Lo que se esconde. Porque la verdad, tu propia concepción del mundo y la solución fructífera de esta historia solo la encontraras ahí."
            Han sido dos días difíciles para mi.
            Mi mente, a veces tan puñetera, se ha dedicado a vociferar y hacer ruido, a gritarme e intentar desanimarme de todo lo que uno pueda imaginar. Ya ha parado, y en estos momentos me siento como si hubiera salido de una borrasca, una tan grande que bien podría haber acabado conmigo.
            He pasado miedo, he intentado aislarme del mundo y de mis propias voces, he dejado el tiempo pasar, y por suerte sigo en pie, así como todavía siguen en pie las cosas a las que quiero y me importan.
            Tu correo de esta mañana me ha servido de bálsamo, no me he dado cuenta en el mismo momento, pero así ha sido.

            Gracias.



            Creo que es un buen momento para contarte lo que tenía pensado para este lugar.
            Los días avanzan y no quiero ni puedo someterme más a ciertas exigencias auto impuestas. Creo que tenemos futuro, jamás había sentido tanto, ni tan intenso, ni me había sentido tan bien al lado de nadie. Yo creo que lo nuestro puede funcionar. También creo que somos unos torpes, y que muchas de las bases en la que nos apoyamos están mal formuladas.

            Así que empezaré dando ejemplo con una re-formulación sencilla:
            Dices que este lugar tiene menos actividad de la que te gustaría, y yo tengo la presión de llevar sobre los hombros la carga de escribirte un cuento.
            Por eso pienso... si este es el lugar donde contarte, porque no contarte aquí ese mismo cuento.

            Tal vez sea una forma de ayudar a que te sientas mejor, tal vez así lo disfrutes más, tal vez la intriga te haga cosquillas por dentro y esperes con ilusión la siguiente parte de la historia. Tal vez todo esto sea el empujón que me hace falta a mi. El saber que estoy haciendo algo que apreciarás y te hace bien, hacer una historia que te llene durante semanas, que sea tu burbuja, y que acabe de igual manera en forma de libro entre tus manos.

            Así que dime, hazme saber si esto te parece bien. Dime si quieres que lo hagamos así y convertirnos en una especie de protagonistas de una de esas novelas francesas que tanto te gustan.

            Tú puedes ser la chica bonita y tímida que sigue intrigada una historia que se va publicando en un blog, y yo puedo ser el chico que haga todo esto posible.

            ¿Me quieres?

            lunes, 4 de noviembre de 2013

            Mi viaje a Vielha

            Hacía mucho tiempo que esperaba algo así, algo a lo que pudiéramos llamar nuestras primeras vacaciones juntos, un título que ya de por si convertiría la escapada más insípida en algo especial. Así que imagínate la consideración que uno puede tener hacia unos días que no solo no fueron para nada insípidos, si no llenos de tanto sabor.

            Un viaje en carretera largo que se hace corto a tu lado, un dedo que señala tu pasado bajo un inmenso globo aerostático, un horizonte por delante y decenas de paisajes que encienden estos ojos que tanto creen a veces haber visto, y que tan poco parecen haberlo hecho. Un clima suave, perfecto para pasear y pasear a tu lado, siguiendo a un pueblo que se manifestaba por la vida y contra el sufrimiento de la mujer, un buen motivo para acompañarles desde la distancia, nosotros siempre tan discretos. Encontrar el oso del que nos advertía mi hermana y descubrir que es amigable y que hace bien de comer. Llegar por fin a ver el lugar que en los próximos días sería nuestro hogar, y que este sea perfecto. Pasear hasta que se nos hace de noche y mostrarnos el uno al otro la mejor versión de nosotros mismos: Tranquilos, risueños, confiados. ¿Se puede empezar mejor? si es así que me lo demuestren, que yo solo creo en lo que veo.

            Segundo día, parecemos un matrimonio en el súper. Me regañas porque propongo que te lleves algo rico para ti... a veces me cuesta entenderte. Al final hacemos una compra estupenda por un precio record, me siento satisfecho. Comemos y nos ponemos rumbo a Sort, parece que será más largo de lo esperado, pero como he dicho antes eso a tu lado no es un gran problema: otro viaje de esos que te llenan los sentidos a cada curva. Llegamos a Sort y empiezo a sentirme confundido, no parece ser el lugar que buscabas en tus recuerdos, pero por ahí pasa un río y estás tan bonita... quiero fotografiarte. Paseamos y paseamos y acabas descubriendo que el lugar no se parece a lo que recordabas. A veces no es buena idea volver a donde uno tiene un recuerdo idílico. Pero el lugar sí resulta ser Sort y conseguimos al fin la lotería. Menuda suerte. Me ciego. Me quedo sin aliento y sin palabras, no se si he entendido bien lo que me querías decir. Quiero estar solo, quiero refugiarme, quiero volver y descubrir que todo era un malentendido mío, otro más. Pero no lo es y yo no se como hacer las cosas mejor. Y de repente no se sabe como, estalla la bomba. Estamos separados y no se me ocurre otra cosa que volver por donde caminábamos felices ayer. Intento encontrarnos pero todavía no se mirar a través del tiempo, todo se andará. Vuelvo a casa y no estás, te espero, te evito y te busco. ¿De verdad es este el fin? ¿De verdad lo ves así? Solo una idea pasa por mi cabeza entonces, volver a casa, a mi cueva, a ese lugar donde no puede venir nadie a dañarme y nadie sabe lo que ocurre.

            Pero llega el tercer día y me quitas la idea de la cabeza. Que gran qué eso de echarse de menos bajo un mismo techo. Quiero seguir creyendo, así que me entrego a la esperanza. Pasamos el día tranquilamente y nos damos mimos y amor. Volvemos a los paseos, la lluvia parece que ha llegado para purificarnos. Encontramos una tienda que realmente merece la pena y me lamento por dentro de no poder comprártela entera. Pero parece que con poco eres feliz y volvemos con algunas cosas bonitas a casa. Quieres un café y me ocupo de ello. De cuidarte sí que puedo, cuando se trata de eso las cosas no me cuestan. Que suerte que mi tapón funcione. Saber que disfrutas de ese baño es todavía más placentero que darme yo uno. No ha sido un mal día, y el de mañana promete ser todavía mejor.

            Y llegó el gran día, el día de la aventura. Un camino de piedra, raíz, árbol y otra piedra, y así durante casi dos horas. Mi cuerpo me falla pero no pienso dejar de ir a tu lado, o al menos detrás más o menos a tu ritmo. El viaje merece la pena desde el mismo momento en que te veo saludar a las vacas. Me apetece pasar la vida con una mujer con estas salidas. Llegamos al estany de sant maurici y el lugar me deja sin respiración. Formidable. Me entretengo haciendo fotos aquí y allá, sacándote en ellas siempre que puedo. Me pides que te haga una foto muy especial, no deja de tener su punto triste pero me alegro de estar a tu lado, procuro desde entonces hacerte reír más todavía. Visitamos unas cascadas y otro estany, hacemos más fotos y capturo a Dios, cosa que parece sorprenderte, y se me hincha el pecho por ello. Ya tengo fuerzas para aguantar el resto del día. Volvemos tranquilamente escuchando todas tus anécdotas, me limito a escucharte y a no concentrarme en cuanto me duelen los pies. ¿Un árbol rojo? En lo que me tendré que convertir por amor... El coche se convierte en el paraíso y aún nos queda una aventura más visitando un lago y escapando de unos mosquitos. Vaya día más completo. Insuperable.

            Y como las mejores historias, esta aventura llega a su fin al amanecer del quinto día. Volvemos reventados y con un extraño olor en el pelo, pero contentos. Hacemos bromas sobre todo, deseamos descansar. Nos lo hemos ganado. Tengo ganas de llegar ya a casa, de procesar todo este viaje y de descansar, sobretodo descansar. Vuelvo con una idea clara: quiero más de esto, quiero vivir más historias contigo. Me parece que toda una vida se me va a hacer corta, así que debemos aprovechar mejor el tiempo. Y sobretodo tengo claro que quiero dejarte justo en el lugar donde siempre te he tenido:


            En el centro de todas las cosas hermosas.