El Estandarte de Aï
Capitulo 2 - Parte 5
Sobre el lugar
Sobre el lugar
Ade se despertó cansado, aunque menos que el día anterior. Recordaba perfectamente haber soñado con un brillante e intenso color azul. Hoy tampoco se hubiera levantado, pero un par de ojos le observaban desde la ventana. Era Pim, y con su presencia se diluía toda posibilidad que lo vivido el día anterior fuera solo un sueño.
Hoy se tomó menos tiempo para vestirse. Entendiendo que debía partir vete a saber donde, procuró vestir un día más algo cómodo para cualquier tipo de necesidad. Dejar atrás los ropajes de castillo y vestir como un autentico aventurero era algo que ya no tan al fondo empezaba a gustarle. Aún así, el desconocimiento frente a su devenir le creaba un pequeño nudo en el estomago, y esperaba que sus reacciones físicas no pasaran de ahí.
Una vez vestido, y como era costumbre en él, posó frente al espejo de su habitación para echarse una última mirada, esta vez solo a los ojos, como si buscara un cruce de miradas con su yo reflejado.
Al salir de sus aposentos un guardia le indicó que su madre le esperaba en los suyos, y ahí se dirigió. La conversación que mantuvieron no tiene la relevancia suficiente como para aburrirte ahora con ella, así que sobre esta solo comentaré que fue la despedida habitual madre-hijo, y que Ade no encajó muy bien la sonrisa permanente en el rostro de su progenitora.
Y no fue hasta muchos años más tarde cuando entendió lo tremendamente orgullosos que unos padres pueden llegar a sentirse de sus hijos, y que en algunos momentos es mejor esconder tras una sonrisa o supuesta indiferencia el miedo a la perderlos, que hacer cargar sobre sus propios hijos estos temores. Su madre, como todas las madres, no era una excepción.
Todo lo que necesitaba el príncipe lo tenía ya preparado en la entrada a palacio, hasta un caballo. Todo excepto compañía, siendo la única persona que se ofreció a acompañarle la última que querría Ade a su lado, su hermana la princesa.
- Tú te lo pierdes -exclamó ella, y lo abrazó con fuerza-.
- Por suerte para mi -le respondió él, despeinandole el cabello-.
Ade se montó en su caballo y siguiendo las indicaciones que Pim transmitió a la reina, puso marcha rumbo al bosque que conectaba los dos extremos de la isla. De camino, atravesó la avenida principal de Solea, donde algunos ciudadanos le saludaron a viva voz, pero la mayoría se limitó a hacerlo con un movimiento de cabeza, cuando no se hacían los despistados.
Nadie sabía el devenir de los acontecimientos a partir de ahora, y eso a la gente común tiende a crear rechazo.
Pero el príncipe se sentía menos cansado que ayer, y eso acabó siendo un buen augurio, porque aun creyéndose ya curtido con todo lo vivido recientemente, esta aventura solo acababa de empezar.
Cuánto misterio.. :)
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