El Estandarte de Aï
Capitulo 3 - Parte 2
Sobre la vida
Sobre la vida
¿Has estado
alguna vez en la casa de algún búho? Sí es así, sabrás que
tienen bien poco a ver a como se las imagina la gente corriente.
Dentro de los árboles, lejos de encontrar agujeros estrechos e
incómodos, existen estancias talladas en madera que no solo son
amplias, si no totalmente cómodas y confortables. Los espacios desde
dentro siempre parecen mayores a como uno se los imagina desde fuera.
Así, lo usual es que en una casa búho puedan existir hasta dos y
tres estancias de estas, dedicando la habitación principal al reposo
de la familia, una segunda que sirviera de comedor - sala de
invitados, y de tener suerte una tercera que cumpliera las funciones
de despensa. Estas salas estaban conectadas entre sí por túneles
internos y lo normal en que una única entrada -generalmente en el
comedor- diera acceso a todo el habitáculo.
Siendo Ade
bastante negado en la escalada de árboles resultó que la entrada a
la casa de Pim se encontraba a una altura especialmente alta, y
aunque no entraremos en detalles, te puedes imaginas fácilmente como
fue: Ade se quejó mucho, Pim le animó, y al final resultó que sí
podía trepar por los árboles, solo que nunca lo había intentado y
su mente le invitaba -con ese común “tú no puedes”- a no
hacerlo.
Una vez dentro y
acomodados, Pim conoció a toda la familia al completo: Pai, su
encantadora y atenta esposa, y Kai, el pequeño de la familia, en esa
edad donde las energías de los niños parecen inagotables. Juntos se
pusieron a cenar -desayuno para la familia búho- y cada uno se comió
lo suyo, porque si no lo sabías, por muy educados y cultos que
puedan llegar a ser los búhos, estos se alimentan especialmente de
ratas, siempre y cuando estas no llevasen lentes de visión que
indicasen que también son parlanchinas.
Una vez cenados y
el pequeño Kai acostado, los adultos se quedaron a parlamentar
frente a una taza de café. Pim, como no podía ser de otra forma,
contó como conoció a Aï, y miles de anécdotas vividas junto a
ella.
Ade escuchaba atentamente cada una de las historias, ya que el
echo de que alguien hablara de Aï como la chica que fue y no como la
legenda que se formó le resultaba algo insólito y fresco. Esta no
sería la última vez que hablaron de Aï pero sí fue el punto
donde Ade empezó a tener una imagen suya de cercanía y cierta clase
de empatía hacia ella.
-Y cuando decidió partir para siempre -dijo el viejo búho extasiado por el
aroma del café- decidí abandonar el palacio y volver a mi tierra
natal en los bosques, donde ya conocía a Pai, y al poco tiempo alumbró
un hermoso huevo del que salió Kai.
Al igual que en
la tuya, una alarma resonó en la cabeza de Ade. Algo no cuadraba en
toda esta historia.
-Disculpa
Pim, dices "al poco tiempo de partir Aï", y de eso hace ya dos
edades, tuvisteis a Kai. Él sigue siendo un niño, ¿que edad tiene
tu hijo?
-Tiene tres
años -intervino Pai, que se dedicaba ahora a recoger platos y
llevarlos de vuelta a la despensa y que solo había escuchado la
última parte de lo que Ade había dicho.
Pero Pim había
entendido perfectamente la duda en las palabras y los ojos de Ade, a
lo que muy seriamente respondió:
- Verás Ade,
es comprensible que tú, al igual que la mayor parte de tu gente, no
sepáis todavía que el factor tiempo carece de importancia aquí, y
con “aquí”, me refiero a este reino. Entiendo tu confusión,
pero esto es algo que Aï descubrió también y que tú todavía no
estás preparado para entender, pero lo harás más pronto que tarde
y comprenderás perfectamente como mi pequeño Kai pueda tener tan
solo tres años en lo que tú llamas "dos edades".
Y al igual que
tú, Ade se encontró cada vez más perplejo con tanto misterio en
tan poco tiempo. Pero si algo te puedo avanzar que él todavía no
sabía en este punto, es que no más allá del final de este capitulo todo
empezaría a tomar forma y que tanto tú como él, empezaréis a
entender.
más!
ResponderEliminarSoon!
Eliminarbuapo!
Eliminarbuapa tú! bonita, preciosa!
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