Capitulo 3 - Parte 4
Sobre la vida
Sobre la vida
Hasta las personas más especiales pueden llegar a sentirse desgraciadas.
Aï no fue una excepción a eso, y sus últimos años no había sido los mejores de su vida. Llevaba un tiempo coleccionado gestas de esas que muchos creerían imposibles -yo mismo lo hubiese hecho, si no fuera porque me encontraba allí para verlas-, pero también perdió cosas por el camino, cosas muy valiosas.
Resulta que había visto sus sueños partir a alta mar, allí donde no eran accesibles para ella. Aï sentía pavor por el fondo del océano, así que solo le quedaba esperar a que estos volvieran. Decidió de mientras que era el momento de mejorar su entorno, y fue entonces cuando consiguió la mayor parte de gestas que conoces sobre ella, y que le sirvieron el título de reina.
Aún así el tiempo pasó, y ninguna de las acciones que había realizado hasta el momento consiguieron traer sus sueños de vuelta. Cuando la amargura creció lo suficiente, Aï fue capaz de encontrar el camino que conectaba los dos lados de la isla, y se adentró con majestuosidad hacia la región de lo que se esconde.
Eso la cambió, pero Aï no pertenecía a ese mundo sombrío, por lo que nunca se quedó allí mucho tiempo. Siempre que pasaba un tiempo en ese lugar, se acordaba fugazmente de todo lo que había dejado atrás, y entonces regresaba a donde pertenecía, donde está lo que se ve, y durante algún tiempo todo volvía a estar bien, salvo por lo que tú ya bien conoces: sus sueños nunca regresaban.
Algunos días se regalaba recordándolos, cuando estos se encontraban junto a ella y no tenían visos de desaparecer nunca. Otros, se preguntaba si toda la vida se iba a sentir así, y si ese tipo de existencia merecía la pena. Y así, saltando del pasado al futuro, empezó a perder la noción del tiempo y a ausentarse cada vez más del presente.
Lo cierto es que ella no había escogido sentirse así, y muy pocas personas llegaron a saber nunca de tal sufrimiento. Y supongo que fue por eso que nunca nadie descubrió el plan que empezó a tramar en sus aposentos, hasta que fue demasiado tarde.
Un estandarte, como nunca antes se había visto en Solea, que protegía su reino de todo mal que pudiera llegar a la isla, pero también de todo aquel que pudiese surgir del interior de la misma. Una forma de ocultar a su gente el camino a todo lo que se esconde, una forma de protegerlos de su desdicha.
Y fue entonces, sabedora de que nadie podría seguir sus pasos, cuando Aï de una vez por todas decidió dejar atrás el reino al que pertenecía y sola marchó por el ahora oculto camino, y de allí jamás regresó.
Aï no fue una excepción a eso, y sus últimos años no había sido los mejores de su vida. Llevaba un tiempo coleccionado gestas de esas que muchos creerían imposibles -yo mismo lo hubiese hecho, si no fuera porque me encontraba allí para verlas-, pero también perdió cosas por el camino, cosas muy valiosas.
Resulta que había visto sus sueños partir a alta mar, allí donde no eran accesibles para ella. Aï sentía pavor por el fondo del océano, así que solo le quedaba esperar a que estos volvieran. Decidió de mientras que era el momento de mejorar su entorno, y fue entonces cuando consiguió la mayor parte de gestas que conoces sobre ella, y que le sirvieron el título de reina.
Aún así el tiempo pasó, y ninguna de las acciones que había realizado hasta el momento consiguieron traer sus sueños de vuelta. Cuando la amargura creció lo suficiente, Aï fue capaz de encontrar el camino que conectaba los dos lados de la isla, y se adentró con majestuosidad hacia la región de lo que se esconde.
Eso la cambió, pero Aï no pertenecía a ese mundo sombrío, por lo que nunca se quedó allí mucho tiempo. Siempre que pasaba un tiempo en ese lugar, se acordaba fugazmente de todo lo que había dejado atrás, y entonces regresaba a donde pertenecía, donde está lo que se ve, y durante algún tiempo todo volvía a estar bien, salvo por lo que tú ya bien conoces: sus sueños nunca regresaban.
Algunos días se regalaba recordándolos, cuando estos se encontraban junto a ella y no tenían visos de desaparecer nunca. Otros, se preguntaba si toda la vida se iba a sentir así, y si ese tipo de existencia merecía la pena. Y así, saltando del pasado al futuro, empezó a perder la noción del tiempo y a ausentarse cada vez más del presente.
Lo cierto es que ella no había escogido sentirse así, y muy pocas personas llegaron a saber nunca de tal sufrimiento. Y supongo que fue por eso que nunca nadie descubrió el plan que empezó a tramar en sus aposentos, hasta que fue demasiado tarde.
Un estandarte, como nunca antes se había visto en Solea, que protegía su reino de todo mal que pudiera llegar a la isla, pero también de todo aquel que pudiese surgir del interior de la misma. Una forma de ocultar a su gente el camino a todo lo que se esconde, una forma de protegerlos de su desdicha.
Y fue entonces, sabedora de que nadie podría seguir sus pasos, cuando Aï de una vez por todas decidió dejar atrás el reino al que pertenecía y sola marchó por el ahora oculto camino, y de allí jamás regresó.
Tengo curiosidad por saber cuales son los sueños de Aï.
ResponderEliminarAcaba usted de plantear la pregunta del millón señorita, vamos a responder.
ResponderEliminarCreo que este es el capítulo que más miedo/respeto me provocaba escribir, posiblemente también el único que me provoca tal sentimiento. Escribir sobre Ade, su pasado, y sus zonas más oscuras -el capítulo donde regresa al castillo, y hablan Pim y su madre del difunto rey de Solea, por ejemplo- fue relativamente sencillo, ya que su pasado es de alguna forma el mío.
Escribir sobre Aï, su pasado, y su parte más oscura, es algo totalmente diferente.
Pero en mi planning de la historia tocaba, en el cap.3 part.4, y eso es algo que me daba miedo a medida que me acercaba y que llevaba en secreto sobre mis hombros (para no spoilear, principalmente).
Los sueños de Aï, en definitiva, son todas aquellas ilusiones que ella tenía puestas en cosas. Personas, planes de futuro, ideas, etc. Y que por alguna razón u otra se truncaron, esfumaron o decepcionaron. Podría haber escrito alguna historia más definida respecto a todo esto, pero ni sabía por donde tirar, ni quería meterme en un pantano, y como al final a nivel de historia hablar de sueños rotos funciona, así se hizo.
Lo que quería transmitir con todo esto, es que Aï fue una princesa estupenda, única en la historia, pero aún así con los fracasos cotidianos que todo el mundo puede llegar a vivir, aquellos que pueden herir hasta bien adentro, y que pueden dejar mella y cicatriz.
No te puedo decir todavía cual fue el destino final de esta señorita, no parece bueno ciertamente, pero en capítulos anteriores hay suficientes pistas para suponer bastantes cosas. Lo que sí te puedo avanzar, es que en la parte final de este capítulo, Ade se enfrenta a su primer prueba real para conseguir o no la primera parte de la insignia del estandarte.
Con esta prueva... las va a pasar canutas!
Te quiero,
Amadeu
jo! si me lo pintas así.. me dejas aún mas con la intriga!! :)
ResponderEliminarme está gustando mucho la historia sañuret!
espero que vaya bien ilustrada