miércoles, 5 de marzo de 2014

Un nuevo retazo para antes de ir a dormir.

El Estandarte de Aï
Capitulo 3 - Parte 2
Sobre la vida
¿Has estado alguna vez en la casa de algún búho? Sí es así, sabrás que tienen bien poco a ver a como se las imagina la gente corriente. Dentro de los árboles, lejos de encontrar agujeros estrechos e incómodos, existen estancias talladas en madera que no solo son amplias, si no totalmente cómodas y confortables. Los espacios desde dentro siempre parecen mayores a como uno se los imagina desde fuera. Así, lo usual es que en una casa búho puedan existir hasta dos y tres estancias de estas, dedicando la habitación principal al reposo de la familia, una segunda que sirviera de comedor - sala de invitados, y de tener suerte una tercera que cumpliera las funciones de despensa. Estas salas estaban conectadas entre sí por túneles internos y lo normal en que una única entrada -generalmente en el comedor- diera acceso a todo el habitáculo.

Siendo Ade bastante negado en la escalada de árboles resultó que la entrada a la casa de Pim se encontraba a una altura especialmente alta, y aunque no entraremos en detalles, te puedes imaginas fácilmente como fue: Ade se quejó mucho, Pim le animó, y al final resultó que sí podía trepar por los árboles, solo que nunca lo había intentado y su mente le invitaba -con ese común “tú no puedes”- a no hacerlo.

Una vez dentro y acomodados, Pim conoció a toda la familia al completo: Pai, su encantadora y atenta esposa, y Kai, el pequeño de la familia, en esa edad donde las energías de los niños parecen inagotables. Juntos se pusieron a cenar -desayuno para la familia búho- y cada uno se comió lo suyo, porque si no lo sabías, por muy educados y cultos que puedan llegar a ser los búhos, estos se alimentan especialmente de ratas, siempre y cuando estas no llevasen lentes de visión que indicasen que también son parlanchinas.

Una vez cenados y el pequeño Kai acostado, los adultos se quedaron a parlamentar frente a una taza de café. Pim, como no podía ser de otra forma, contó como conoció a Aï, y miles de anécdotas vividas junto a ella. 
Ade escuchaba atentamente cada una de las historias, ya que el echo de que alguien hablara de Aï como la chica que fue y no como la legenda que se formó le resultaba algo insólito y fresco. Esta no sería la última vez que hablaron de Aï pero sí fue el punto donde Ade empezó a tener una imagen suya de cercanía y cierta clase de empatía hacia ella.
-Y cuando decidió partir para siempre -dijo el viejo búho extasiado por el aroma del café- decidí abandonar el palacio y volver a mi tierra natal en los bosques, donde ya conocía a Pai, y al poco tiempo alumbró un hermoso huevo del que salió Kai.

Al igual que en la tuya, una alarma resonó en la cabeza de Ade. Algo no cuadraba en toda esta historia.
-Disculpa Pim, dices "al poco tiempo de partir Aï", y de eso hace ya dos edades, tuvisteis a Kai. Él sigue siendo un niño, ¿que edad tiene tu hijo?
-Tiene tres años -intervino Pai, que se dedicaba ahora a recoger platos y llevarlos de vuelta a la despensa y que solo había escuchado la última parte de lo que Ade había dicho.

Pero Pim había entendido perfectamente la duda en las palabras y los ojos de Ade, a lo que muy seriamente respondió:
- Verás Ade, es comprensible que tú, al igual que la mayor parte de tu gente, no sepáis todavía que el factor tiempo carece de importancia aquí, y con “aquí”, me refiero a este reino. Entiendo tu confusión, pero esto es algo que Aï descubrió también y que tú todavía no estás preparado para entender, pero lo harás más pronto que tarde y comprenderás perfectamente como mi pequeño Kai pueda tener tan solo tres años en lo que tú llamas "dos edades".


Y al igual que tú, Ade se encontró cada vez más perplejo con tanto misterio en tan poco tiempo. Pero si algo te puedo avanzar que él todavía no sabía en este punto, es que no más allá del final de este capitulo todo empezaría a tomar forma y que tanto tú como él, empezaréis a entender.

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