jueves, 28 de noviembre de 2013

Felices 11 meses, friolera mía

El Estandarte de Aï
Capitulo 2 - Parte 3
Sobre el lugar
    El pueblo entero enmudeció.
    Era tal la magnitud de aquella afirmación, que nadie osó siquiera ponerla en duda, puesto que equivocarse en un asunto de tal trascendencia hubiese sido vergonzoso.

    El búho entonces dejó caer su  cuerpo hacía delante y con un suave planear se dirigió hacía Ade, que de forma instintiva extendió su brazo para que se posara. Desde ahí miró a la reina y le dijo:
    - Saludos mi reina, yo hace tiempo conocí a su esposo.
    - Lo se -respondió ella para sorpresa de los allí presentes-, me habló de ti.
    - Aunque lo conocí de joven apuntaba a buen hombre, espero que lo consiguiera mientras tuvo tiempo.
    - Lo intentó cada día.

    Y dejando atrás los cumplidos, Pim prosiguió:
     - Su hijo no ha dicho ni una sola mentira, el estandarte ha perdido su poder. La protección que otorgaba sobre esta isla ha desaparecido, aunque todavía nadie sabe de esto por lo que pueden estar tranquilos por el momento. Aún así es importante restaurar el emblema con rapidez, y tendrá que ser su hijo quien se encargue de ello. El chico estaba en el lugar preciso en el mismo momento que ocurrió, y mi experiencia me dice que nada que pasa es casualidad.

    La reina asintió con la cabeza. En los siguientes minutos se acordó que Ade pudiera dormir el tiempo que necesitara y saliera en cuanto los preparativos estuvieran listos. El pueblo marchó también a sus casas a dormir, aún quedaban un par de horas de noche. La gente, tan alterada hace unos minutos se despedía ahora cortésmente, "confiamos en ti" le llegó a decir un hombre a Ade, y este pensó cuanto puede cambiar lo que opina la gente de uno dependiendo de si tiene alguna empresa en la vida o no.
    Y con ese pensamiento se fue a dormir.

    Supongo que por todo lo vivido en el día anterior Ade tuvo una terrible pesadilla: soñó con que era el fin de Solea, y que por alguna razón él trataba de encontrar a Aï. Tenía claro que ella se encontraba en la playa, y aunque no sabía como llegar allí, estaba convencido que si veía su cara la reconocería.

    Pero no la encontró, y ese sueño provocó que Ade se despertara menos descansado de lo que debería. Aún así partió en busca de su madre, y la encontró en sus dependencias. Aunque sabía que ella nunca había estado frente al estandarte -ella era de origen humilde, siendo su padre el príncipe heredero-, tenía la esperanza de que ella supiera que dibujo formaba el emblema.

    Pero la esperanza le duró poco:
    - Tu padre nunca me contó eso hijo mío, solo me dijo que una vez frente a él se le presentó la mascota de Aï y le pidió que nunca revelara a nadie su insignia, y después me pidió que nunca le contara nada a nadie.

    Eso explicaba muchas cosas, y Ade lamentó una vez más que su padre no estuviera aún con ellos.

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