El Estandarte de Aï
Capitulo 1 - Parte 3
Sobre el momento
Sobre el momento
Una
vez allí, Ade no encontró demasiada gente que le recibiera. Su
madre, la Reina de todo Solea, así como su hermana y el mayordomo
real se encontraban ahí; también estaban presentes los dos
guardias de rigor, encargados de abrir y cerrar el portón de la
parte trasera del castillo -que daba directo al camino ascendente de
escaleras-, y nadie más.
Tan poca presencia de gente después de tantos intentos le pareció algo más que obvio al joven príncipe. En realidad no le gustó nada la pomposa recepción de la ceremonia del primer día, así que en ese aspecto estaba hasta agradecido, ya que deseaba que la despedida no se hiciera de rogar:
- Madre, este es mi quinto intento, y sobre el estandarte juro que procuraré sea el definitivo.
- Procura jurar bajo él, y así lo espero y que de verdad puedas conseguirlo. - y añadió – Ahora emprende tu marcha hijo mío, que la suerte esté contigo y cumplas por fin tu cometido.
Tan poca presencia de gente después de tantos intentos le pareció algo más que obvio al joven príncipe. En realidad no le gustó nada la pomposa recepción de la ceremonia del primer día, así que en ese aspecto estaba hasta agradecido, ya que deseaba que la despedida no se hiciera de rogar:
- Madre, este es mi quinto intento, y sobre el estandarte juro que procuraré sea el definitivo.
- Procura jurar bajo él, y así lo espero y que de verdad puedas conseguirlo. - y añadió – Ahora emprende tu marcha hijo mío, que la suerte esté contigo y cumplas por fin tu cometido.
Dicho
lo cual, el mayordomo le entregó un zurrón con tres raciones de
comida y una cantimplora llena de agua fresca. "Gracias Filx",
dijo Ade en un tono más amable que el que había usado un rato
antes en su habitación. Y sin mediar más palabra se dio media
vuelta, camino a la salida.
El príncipe caminaba a paso firme hacía la puerta, convenientemente preparada para su salida, cuando la princesa no pudo evitar decirle desde la distancia "¡Cuidado con esa barriga, hermano!" que provocó las pocas disimuladas risas de todos los allí presentes, incluidos los dos soldados que tenía justo en frente.
Una mirada furtiva a su traviesa hermana fue toda la respuesta que pudo dar en ese momento. Siguió andando hasta encontrarse ya fuera del castillo y, mientras el portón se cerraba tras de él, se encontró una vez más frente al interminable camino de ascenso, dispuesto a emprender la marcha por quinta vez y definitiva. Sin poder imaginar todavía el extraño rumbo de acontecimientos que se iniciarían en el preciso momento de cumplir por fin su misión.
El príncipe caminaba a paso firme hacía la puerta, convenientemente preparada para su salida, cuando la princesa no pudo evitar decirle desde la distancia "¡Cuidado con esa barriga, hermano!" que provocó las pocas disimuladas risas de todos los allí presentes, incluidos los dos soldados que tenía justo en frente.
Una mirada furtiva a su traviesa hermana fue toda la respuesta que pudo dar en ese momento. Siguió andando hasta encontrarse ya fuera del castillo y, mientras el portón se cerraba tras de él, se encontró una vez más frente al interminable camino de ascenso, dispuesto a emprender la marcha por quinta vez y definitiva. Sin poder imaginar todavía el extraño rumbo de acontecimientos que se iniciarían en el preciso momento de cumplir por fin su misión.
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