miércoles, 13 de noviembre de 2013

Una nueva historia comienza para todos

Prólogo
Solea era una pequeña isla en medio de un gran océano. Solea era también un reino, y como tal tenía su propia ciudad, que por cierto compartía el mismo nombre. Hoy en día no podrías llegar ahí con avión o barco, pero en sus días de gloría era un pueblo bien frecuentado.
Sus gentes tenían una vida apacible y feliz, y aunque no siempre fue así, hacía mucho tiempo que en Solea se respiraba la paz.
Y es que ese pequeño reino contaba con la bendición de un pequeño estandarte, no más alto que un niño de seis años, ni más ancho que la distancia que hay entre tus hombros. Esa pequeña pieza de ropa velaba y protegía a todos en la isla. Y situado por su creadora en la cumbre de la montaña más alta, no había lugar donde no llegará su luz.
Ese fue el precioso regalo que dejó tras de sí Aï a su gente, justo antes de despedirse de todos ellos y desaparecer para siempre.

Esa reliquia era conocida como el Estandarte de Aï.

El Estandarte de Aï
Sobre el momento, sobre el lugar, sobre la vida, sobre el amor y sobre el destino

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