Prólogo
Solea
era una pequeña isla en medio de un gran océano. Solea era también
un reino, y como tal tenía su propia ciudad, que por cierto
compartía el mismo nombre. Hoy en día no podrías llegar ahí con
avión o barco, pero en sus días de gloría era un pueblo bien
frecuentado.
Sus gentes tenían una vida apacible y feliz, y aunque no siempre fue así, hacía mucho tiempo que en Solea se respiraba la paz.
Sus gentes tenían una vida apacible y feliz, y aunque no siempre fue así, hacía mucho tiempo que en Solea se respiraba la paz.
Y
es que ese pequeño reino contaba con la bendición de un pequeño
estandarte, no más alto que un niño de seis años, ni más ancho
que la distancia que hay entre tus hombros. Esa pequeña pieza de
ropa velaba y protegía a todos en la isla. Y situado por su creadora
en la cumbre de la montaña más alta, no había lugar donde no
llegará su luz.
Ese
fue el precioso regalo que dejó tras de sí Aï a su gente, justo
antes de despedirse de todos ellos y desaparecer para siempre.
Esa
reliquia era conocida como el Estandarte
de Aï.
El Estandarte de
Aï
Sobre el momento, sobre el lugar, sobre la vida, sobre el amor y sobre el destino
Sobre el momento, sobre el lugar, sobre la vida, sobre el amor y sobre el destino
Sabes que estoy deseando más, no?!
ResponderEliminarMañana un poquito más :)
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